San Francisco

San Francisco

sábado, 23 de julio de 2016

Amor al Chicharrón



Los peruanos que viven lejos de Perú extrañan a su patria. La mayoría extraña a su familia y amigos; otros extrañan su barrio y su ciudad; nadie extraña las colas, el tráfico y a los congresistas pero TODOS extrañan la comida peruana. Bueno, todos menos uno que otro literato vanidoso. Y esta añoranza es algo que estoy experimentando en mi propio pellejo (léase, mente, cuerpo y espíritu) desde que estoy, hace ya unos meses, en Estados Unidos pasando tiempo con mi familia. 

Con la popularidad que ha ganado nuestra gastronomía en los últimos años, más el carácter emprendedor de nuestros compatriotas, hay muchos lugares en Estados Unidos donde se puede encontrar un restaurante de comida peruana pero el sur de Maine, donde yo estoy ahora, no es uno de esos lugares.
Portland visto desde South Portland al atardecer
South Portland es una bonita - sobre todo en verano -  ciudad en el estado más norteño de la costa este de los Estados Unidos, Maine. Y a pesar de que está a una cruzada de puente de Portland, la ciudad más vibrante de por estos lares, siempre rebosante de turistas (yo la he bautizado “la Florida de Canadá”) que incluso ha sido nombrada como la ciudad con mayor cantidad de restaurantes per cápita en Estados Unidos (aunque al parecer los datos no están muy claros).  Ni aquí ni allá se puede encontrar un solo restaurante, camioncito del sabor, carrito sanguchero o carretilla salchipapera que venda comida peruana. Entonces, no nos queda nada más que usar el ingenio y eso a los peruanos nos viene super bien pero hay algunos inconvenientes.

Primero, todo el que me conoce sabe que yo no cocino. Porque no sé y no me gusta - me demoro unos 45 minutos picando un apio-  y porque no necesito cocinar ya que en mi casa casi siempre hay comida rica preparada generosamente por mi tía Blanca y cuando no hay, pues me contento con una papa sancochada. 


Y de ahí viene el segundo inconveniente, una papa peruana sancochada no es lo mismo que cualquier otra papa sancochada. Aunque estamos en el mismo continente lo mismo daría que estuviese al otro lado del mundo. Lo único peruano que encontré fueron unas uvas red globe y estaban muy buenas, lo que viene a confirmar mi sospecha de que mandan las mejores para acá y nos venden en Wong lo que queda y a muy mal precio. La cosa es que aquí no se encuentran muchos de los ingredientes que usamos cotidianamente en nuestra gastronomía y los que se encuentran, tienen serios problemas de identidad porque no saben como deberían. Sin embargo, la necesidad de comer peruano te hace superar cualquier obstáculo y con creatividad y corazón, algo se logra. 


Un día resultó que habíamos comprado unos trozos de chanchito, un corte que para decirles la verdad, hasta ahora no reconocemos pero tenía su poquito de hueso y su poquito de grasa y… chancho es chancho no? Así que nos lanzamos a hacer un pan con chicharrón.


Aunque parezca mentira, hasta encontrar un buen pan es un reto porque por aquí hay gente no quiere consumir azúcar, otros no quieren sal, la harina es el enemigo de todos y estoy segura de que por ahí hay algún movimiento cívico “unidos contra la miga”. O sea, es difícil encontrar un pan rico y crocante. Sin embargo, el rebelde comelón que busca, encuentra y buscando, buscando, encontramos el crusty italian bread de Hannaford y no es un francés ni un rosetta pero sí hace crunchy crunchy cuando lo muerdes.


 



Bueno teníamos ya dos ingredientes importantes pero si bien chancho es chancho, hay camotes y camotes y el de aquí no es igual al nuestro. Su consistencia es más aguada y su sabor desfallece miserablemente cuando se fríe así que se nos ocurrió ir por algo más práctico: sweet potato oven fries. Camote cortado como papas fritas que se cocinan en el horno. 

Para la salsa de cebolla también había que inventar y usamos cebolla blanca que acá se llama amarilla porque la blanca es una que parece pasada por clorox y le pusimos “lime” que es para nosotros limón porque  lo que acá llaman “lemon” es más cercano a lo que nosotros conocemos como lima (¿?) y un poco de culantro, alias cilantro y a falta de ajicito le echamos un chorrito de rocoto Alacena. 




Preparamos el chicharrón como lo prepara mi tía Blanca y como no es mi receta no puedo publicar los secretos pero el resultado final fue mejor de lo que esperábamos. Armamos nuestro sanguche y estaba sabroso y jugoso, el camote hacía su esfuerzo por acompañar al chanchito y la salsa de cebolla lo unía todo en un bocado que sabía a Perú. Y no era Kio ni el Chinito ni Doña Paulina pero con toda seguridad puedo decir que fue el mejor pan con chicharrón en millas a la redonda y al comerlo no sólo festejábamos en nuestros paladares y panzas sino que también había en nosotros un hambre de otro tipo que viene de otro lado y que tiene que ver con la añoranza de la patria y de la familia que está por allá y comiendo éste pan con chicharrón nos llenamos la barriga pero también nos llenamos de alegría el corazón porque cuando disfrutamos de nuestra comida también celebramos a nuestra patria, sobre todo cuando estamos lejos. ¡Viva el chicharrón! ¡Viva el Perú!    



El producto terminado