San Francisco

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sábado, 12 de noviembre de 2016

Crónica Glotona: Mistura 2016

Me ha tomado más de un mes (¿o dos?) escribir esta reseña porque aunque la comida se acaba rápido, los sabores, aromas y sensaciones permanecen por ahí dentro de uno por un rato más y toma tiempo ponerlos en orden y sobre todo darles sentido para poder transmitirlos con la fidelidad que se merecen.  

De los miles y miles que acudimos a Mistura todos los años, yo soy una de las pocas que puede decir que ha asistido a todas las ediciones de la feria. A la primera llegué con mi familia sin saber bien qué esperar, gracias a la visión y al entusiasmo de mi tía Elsa y a partir de ahí han sido años compartiendo Mistura con tíos, tías, primos, primas, amigas y hermanos; sobre todo con Dani con quien inventamos el “Kit Mistura™” e instauramos los “Piscayunos”.  Sin embargo, a pesar de que la comida por lo general no decepciona, los últimos años mi entusiasmo por la feria había ido bajando poco a poco y el año pasado fue particularmente difícil. Estuve muy enferma el último día que fui a Mistura 2015, no podía tomar una gota de alcohol y sobria y todo me las arreglé para tropezarme con un par de esos obstáculos invisibles que siempre se me cruzan y me dí dos épicos contrasuelazos que me dejaron las rodillas y el orgullo recontra amoratados. Entonces empecé a preguntarme si seguía yendo a Mistura porque de verdad quería o por costumbre, por compromiso o por la obligación autoimpuesta de escribir esta reseña. Con esta enorme interrogante y el par de zapatillas más confiables que pude encontrar, llegué a Mistura 2016.


Día 1: Lunes 5 de Septiembre.

Acompañada de mis tíos Lilly y Lucho y mi primo Paul llegué a la feria cerca del mediodía. Un dato para quienes no se van a quedar mucho tiempo y no quieren pagar el estacionamiento; Paul estacionó su carro en uno de los espacios de parqueo libre de la Costa Verde. Había bastante seguridad y aunque quedaba un poco lejos de la entrada, la caminata dio cierta paz a nuestras conciencias teniendo en cuenta las calorías que veíamos en nuestro futuro cercano.  

Primera Sentada:
Cebiche de Trucha de Mareas Ceviche, Causa Crocante de Tumbes Mar, Tacu tacu de pato con sarandaja de La Posada del Pez, Cuy al palo de Cuyassic Park y Chancho al palo.



Voy a empezar por el tacu tacu de pato porque tenía grandes expectativas sobre este plato pero fue francamente decepcionante. El pato estaba suave pero le faltaba sabor y el tacu tacu era para mí, solamente un amasijo de arroz y frejol, sin aderezo ni gracia, no sabía a nada. En su defensa tengo que decir que el personal de La Posada del Pez fue muy amable y que entre buscar a mis parientes y encontrar una mesa estaba casi frío cuando le dí la primera probada.

Afortunadamente, eso fue el único punto bajo de la sentada, lo demás estuvo muy bueno. Probé un poquito del chancho al palo y este es un plato consistente, nunca decepciona porque es sabroso, jugoso, ahumadito y calientito. Yo creo que si uno va a Mistura y come solamente un plato de chanchito, preparado de la forma que sea, con su papa y su ají, se va contento. No tiene pierde.

No puedo comentar nada sobre el cuy porque no lo probé. No es que no me guste, lo he probado alguna vez y me pareció muy sabroso pero el cuy es para quien sabe comerlo. Como no tiene mucha carne hay que agarrarlo con la mano y meterle diente con furia para sacarle todo hasta chupar el último huesito y yo no tengo ese talento. Sin embargo, hay expertos en mi familia y si miran con atención alguno de los videos verán la evidencia. A las pruebas me remito

Tenía mucha curiosidad por probar el cebiche de trucha. A decir verdad, a parte de su color un poco psicodélico no es muy diferente a los cebiches preparados con otros pescados pero sí me sorprendió que la trucha tuviese la consistencia necesaria para el cebiche y estaba muy bien preparado, de la manera clásica con los ingredientes básicos, en su punto exacto de acidito y acompañado con choclo y canchita. Ya se que a algunos no les gusta la cancha en el cebiche pero a todos nos gustó mucho.

Sin embargo para mí, la superestrella de esta sentada fue la causa crocante. Nacida del más puro amor que sentimos los peruanos por la causa limeña y la papa rellena pero era mucho más que eso. En un solo bocado se sentía la causa deliciosamente crocante y el delicado sabor del relleno de pulpa de cangrejo que era a la vez contrastado y complementado a la perfección con una salsa de maracuyá que te mandaba una explosión de ácido al paladar para dejarte al final con el dulzor en la punta de la lengua… ¿qué les puedo decir? Yo estoy sentada pero de sólo recordar el sabor mi espíritu está de pié, aplaudiendo y con el asomo de una lágrima. ¡Bravo, bravo!


De vuelta en la tierra (literalmente porque aunque ha mejorado, después de un día en Mistura terminas enterrado hasta las rodillas) y pasado el éxtasis gastronómico tocaba caminar para bajarla y para saber qué más había por ahí. Mis tíos y yo dimos vueltas por el mercado. Al comienzo me pareció que sufría un poco de escasez hasta que me di cuenta de que en vez de un módulo ahora eran dos. Este año el Gran Mercado se duplicó! Por lo general yo no hago compras el primer día pero nadie puede resistir unos pancitos, sobre todo un par de tantawawas para el desayuno.

Después del mercado mis tíos fueron a chequear los dulces y yo fui a buscar una bebida alcohólica. Como habrán notado, ya me había demorado bastante pero lo cierto es que ahora que no viene mi hermano, mi consumo de piscayunos se ha reducido considerablemente.
Me di una vuelta por la zona de los bares y algunos no estaban listos para servir, lo que es en mi opinión, inaceptable. Finalmente me decidí por algo nuevo y pedí un Alpaquitay de La Shactería un bar de Huánuco.  La particularidad de este bar es que los cocktails no están preparados con pisco sino con aguardiente y macerados con productos de su región. El Alpaquitay está hecho con lúcuma, macerado de canela, clavo y guindon y leche. El resultado es un trago suave, rico, fresco y muy aromático. Sin embargo, como yo misma he comprobado con numerosos experimentos fallidos, el sabor de la lúcuma natural es demasiado delicado para mezclar en cocktail y al final es casi imperceptible. De todas maneras me gustó pero me quedé un poco triste por no sentir la lúcuma.   

Segunda Sentada:
Trucha a lo macho del Gobierno Regional de Apurimac, Fetuccini con cecina en salsa de cocona de El Aguajal.


En esta sentada todo estuvo bueno. El fetuccini estaba cocinado perfectamente al dente lo que me parece difícil en un lugar donde se sirven tantas porciones y llevaba la cantidad exacta de una salsa de cocona de sabor muy sutil, cremosa sin ser pesada ni empalagosa, acompañada con trocitos de una buena cecina que le daba el toque saladito y ahumado. Con ayuda del tío Lucho no quedó ni rastro en el plato.
Y sí, otra vez trucha, este pescado me gusta, no me juzguen. La salsa no era lo que yo esperaba de un plato “a lo macho” pero les juro que me arrepentí de comprar sólo media porción porque estaba crocantisima, picantita, con su salsa de cebolla y papita nativa dorada… simplemente la prueba de que no son necesarios veinte ingredientes rebuscados para hacer un manjar. D.e.l.i.c.i.o.s.o.  Si esta fuera una batalla de rap en vez de una entrada de blog este sería el momento en que dejaría caer el micro; así de bueno estaba.

Después de este deleite y antes de que mis tíos se fueran pasamos por el Salón del Pisco que estaba hasta el tope de nacionales y extranjeros caminando en complicados grados de inclinación y trazando líneas de todo tipo menos rectas. Ahí, en el stand de Vinos y Piscos Catapalla nos tomamos el clásico cocktail de algarrobina. Aunque un toquecito muy dulce para mi gusto, igual estaba muy bueno porque tenía suficiente pisco para que agarre lo justo y estaba preparado con verdadera algarrobina que es el mejor secreto para preparar este cruce de trago con postre que nos gusta tanto.  

Mientras esperaba que llegara mi tía Elsa me quedé sola por un rato y me di una vuelta por los dulces y otra vuelta por el mercado y probé uno de los éxitos de este año: los helados artesanales. En este caso, helado artesanal de cascarilla de cacao que se supone es buenísima para las madres lactantes y yo me lo comí en solidaridad con mi prima Klaudia que acababa de tener a la hermosa Emilita. ¡Qué revelación! Mucho más suave que un helado de chocolate pero con todo el sabor y aroma del cacao, con trocitos de la fibra de la cascarilla y no mucho dulce. Estaba riquísimo así que agarré mi helado y fui a sentarme a contemplar a la gente que iba de un lado a otro con un plato o un trago en la mano, todos contentos. Sobre todos los que iban con el trago en la mano.

Tercera Sentada:
Red Hot Chili Papas de Food Rockers y una Maracumanto Pale Ale de Cervecería Artesanal Cumbres
¡Tres sentadas, que barbaridad! Cálmense, todo tiene una explicación o mejor dicho una estrategia y una técnica. Además, tengan en cuenta que yo paso al menos seis horas en Mistura, durante las cuales camino la feria de arriba a abajo incontables veces.

Entonces, ya para irme decidí ir por algo de los Camioncitos Mistureros y para tener presente (y sacarle cachita) a Dani, decidí probar una cerveza artesanal.
La Red Hot Chilli Papas tenía un nombre muy bien pensado pero poco relacionado con el plato en sí, yo esperaba algo más picante y la salsa era un tipo de gravy no muy interesante. Eso sí tenía diferentes tipos de salchicha, y era una salchipapa rica pero no extraordinaria. Felicito a los chicos del Food Rocker porque además de ser muy amables estaban muy bien organizados.

En cuanto a la bebida, si mi hermano es un connoisseur de la cerveza yo mas bien soy una desconnoisseure o como sea que se diga todo lo contrario. No me puedo quejar de que estaba amarga porque ahí mostraban claramente algo que vendría a ser como el DNI de cada cerveza: su nombre, tipo de cerveza, grado de alcohol, grado de amargor y la cervecería que la produjo, sólo faltaban la foto, la huella digital y el número de mesa. Así que a amargor avisado no le podía poner cara de haber chupado clavo oxidado, me aguanté nomas. Lo que sí puedo resaltar es el sabor afrutado y cítrico de esta cerveza, muy aromático. Y me pareció una excelente idea que pusieran todas las cervezas artesanales en el mismo lugar, fue mucho mejor que el año  pasado.

Cargando mi salchipapa y mi cerveza fui a encontrarme con mi tía Elsa que estaba disfrutando de un espectacular sudado en la sección dedicada a los pescadores cocineros que era un lugar súper interesante donde cada pescador contaba sus experiencias y compartía sus mejores recetas. Un turista chileno le había preguntado a mi tía si de verdad se iba a comer la colita del pescado. Cuando la encontré, del pescadito quedaba el alma en el cielo de los pescados porque de su cuerpo, ni rastro. Mi familia sabe comer, nuevamente, a las pruebas me remito

Finalmente, comprar para llevar para nosotros y para los que no pudieron ir a la feria. Yo compre wawas, pastel de choclo de Nora y un mix de chancho de la Costilla del Gordo.
Mi tía compró las blueberries más grandes que he visto en mi vida, pan con pejerrey, otro mix de chanchito y cau cau de mariscos que fueron pedidos específicos de mi prima.


Llegue a mi casa casi doce horas después, muy cansada pero feliz, satisfecha y con muchas expectativas sobre mi siguiente día en Mistura.  




Día 2: Miércoles 7 de Septiembre.

Como siempre llegamos temprano para evitar las colas y  no nos anduvimos con rodeos, nos fuimos derechito a buscar comida.

Primera sentada:
Cachanga oriental y champús norteño de Hectitor’s del Norte, Tacu tacu con lomo saltado y tallarines verdes con bisteck en su jugo de El Comedor.

¡Qué tal desayuno! Obviamente no es algo que se pueda hacer todos los días pero qué buen desayuno. Quería probar el tacu tacu y los tallarines verdes porque son de esos platos que solía comer de chica, algún domingo quizá y a pesar de que cada vez los como menos, son dos clásicos y su recuerdo y su sabor siguen grabados en mi mente y en mi corazón.
Lo mejor fue el tacu tacu con saltado. Fue como “Tacu Tacu 2: La Revancha del Tacu Tacu”, total reivindicación después del fiasco del lunes. Desprendí un pedacito y lo remoje un poquito en la salsa del saltado y ¡wow! tantos sabores y texturas. El arroz y el frejol, aderezados y cubiertos con una delgadita capa crujiente y el juguito de un saltado bien preparado, sillau, carne, cebolla, culantro y más… pura sabrosura. El tallarín verde en cambio tenía el sabor que debía, era cumplidor pero para mi gusto la pasta se había pasado de cocción y la salsa estaba un poquito ensopada.

Una de las mejores opciones de Mistura este año para mi fueron las cachangas de Hectitor’s del Norte. Un veterano de la feria, ya hace algunos años escribí algo de ellos porque compramos una rellena de lomo saltado y nos regalaron un pedazo de una rellena de cebiche que no podían vender pero que estaban dando de degustación y fue como descubrir la pólvora en el paladar.
A mi gusto, la mejor de este año fue la Oriental, muy rica, con pollo, champiñones, brócoli, pimiento y ese saborcito a chifa. Excelente.

Después de comer hice un break para ir al baño y felicito a los organizadores, a la empresa encargada del servicio de los baños y a las personas que atienden porque los baños estaban limpios, el mantenimiento era permanente y cuidadoso, las señoras atiendían con mucha amabilidad y había unos lavaderos dignos del más elegante centro comercial.
Como estaba a unos metros nomás , pasé por Pancho Fierro y pedí un Suertero: un chilcano de maracuyá y albahaca, buenisimo, super refrescante, dulce y ponedor. Doble cañita para compartir con mi tía y emprendimos camino al mercado, como siempre para hacer una vuelta de reconocimiento aunque el plan de ver primero y comprar después no funcionó tan bien este año. Probamos deliciosísimos helados artesanales de coco y de cañihua y la verdad estamos perdiendo tiempo con tanta fresa y chocolate (con la lúcuma no se metan, siempre será mi favorita) cuando en nuestro país hay tantos sabores increíbles por descubrir.  
Vimos el desfile de unos danzantes de Cajatambo, en la sierra de Lima que nos impresionaron por el colorido y lo elaborado de sus trajes. Recorrer el mercado este año tomaba al menos una hora y era un recorrido necesario para conocer todos los productos que se ofrecían y comparar bondades, calidades y precios.


Antes de ir por más comida nos fuimos para el otro lado de la feria al Gran Bazaar donde ahora estaban ubicados muchos de los licores artesanales que antes se encontraban en el Gran Mercado y aprovechamos para comprar una botella de Incanto de lima que es tan aromático que casi provoca usarlo de perfume pero realmente es mejor aprovechado en un vaso grande y con bastante hielo jijijiiji.

Entre el bazaar y el mercado encontramos muchísimas curiosidades, artesanías, productos novedosos y hasta imanes cabalísticos para las refrigeradoras de los mistureros supersticiosos, honestamente dudo de su eficacia pero me imagino que como siempre, todo es cuestión de fe. No compré ninguno pero tenían para cada tipo de necesidad como el de acelga para los que quieren casa nueva, el de pera para los que quieren un buen físico, el rabanito para el amor intenso y el pimiento morrón para evitar la discordia… me pregunto, ¿de dónde habrán sacado estos significados?



Y bueno, de tanto caminar ya era la hora de almorzar.

Segunda Sentada:
Cabrito a la norteña de Perla de las Flores de Chiclayo, Trilogía de tectes de Maraycha de Ayacucho y Chicharrón de queso paria de Chicharronería la Red de Puno.


Todo esto vino de las cocinas regionales y ese es uno de los mayores beneficios de Mistura porque dónde si no, podría comer en una sola sentada platos tan diferentes y de lugares tan distantes. Una maravilla.
Cuando empecé a comer el chicharrón de queso mientras compraba lo demás me encantó. El queso es poco grasoso y no se deshace así que es perfecto para una preparación como esta, sin embargo, después de un rato de comerlo, la sal del queso paria empezó a saturarme. Eso fue hasta que, por supuesto, se me ocurrió comerlo con todo lo que venía en el plato. Mezclado con el ajicito, la cebollita y la papa era un bocado perfecto: salado, ácido, picante y la papita para darle balance a todo. Estos cocineros son unos genios, cada cosa tiene su razón de ser.

El cabrito fue probablemente uno de los mejores que he probado en mi vida no sólo por su sabor que era el verídico y original, con ese aroma a loche que me hace recordar a la comida de mi abuelita sino porque la carne estaba tan bien cocinada, tan tierna que se desprendía sin ofrecer resistencia y se deshacía en la boca. Todo en ese plato estaba preparado a la perfección porque hay frejoles y frejoles y hasta un arroz blanco puede ser una obra de arte cuando está bien preparado.

Tenía muchas ganas de probar la trilogía de tectes porque después de leer la descripción en la web de Mistura, me pareció que era un plato muy representativo de su región, con ingredientes locales y lleno de identidad. Los tectes son lo que creo que aquí llamaríamos ajiacos, uno era de alverjitas, otro de chuño y otro de ollucos. Todos estaban preparados con papa y cada uno tenía su aderezo particular, unos con ají, otro con huacatay, otro con yerbabuena pero los tres eran riquísimos y de alguna manera reconfortantes, comida rica sin buscarle los tres pies al gato. Encima venía con su cuchimanka encima, que según me dijeron era cuchi = chanchito y manka=olla, o sea, chanchito a la olla. Riquísimo. Es comida que te deja contenta y ya.



Luego de tanto deleite era la hora de la verdad. La hora de las compras y de los “para llevar” y ahí sí que agárrate Catalina (o en este caso “¡agárrense Si-Ling y Elsa!”) porque aunque era miércoles, mientras estábamos en el séptimo cielo de los comelones con nuestro almuerzo, la feria se llenó.

Empezamos por los pedidos para llevar y nos dividimos para optimizar resultados. Yo fui por más cachangas de Hectitor’s a quien además tengo que felicitar por estar bien preparado para los pedidos para llevar y por promover él mismo la degustación de su champús norteño que venía en combo con las cachangas. Es muy rico y calientito, tiene chancaca, piña y maní y hasta yo lo tomé (no me digan nada). Mi tía fue de reincidente a la Costilla del Gordo por el mix de chanchito porque es una combinación de chancho a la caja china, al palo y al cilindro con papas fritas, camote frito y ají… maná del cielo para los tragones sinverguenzas, verdaderamente.

Luego fuimos al lugar del gobierno regional del Callao por más pan con pejerrey y disfrutamos un rato de la magnífica decoración, la salsa a todo volúmen y el excelente ambiente.








En el mercado había tanta gente que casi no se podía caminar y no encontrábamos los puestos que previamente habíamos elegido para comprar.  Nuestros Dulces Tradicionales estaba simplemente impenetrable y la cola para el arroz con leche con mazamorra morada amenazaba con salir de Magdalena y llegar a San Miguel. Pero como dice el dicho “Querer comer es poder” Así que mi tía y yo nos separamos nuevamente, compramos ingentes cantidades de wawas, chutas y demás panecillos de Miski Tanta para nosotras y para el resto de parientes, frutas, stevia de la firme de Jireh, tecitos aromáticos de Cusco de Inkafusionate, avena integral y un montón de menjunjes y hierbas que prometen curar todo tipo de males y volvernos super saludables como la Moringa Lay que aparentemente es buena hasta para el hipo y una tal Tunalina que tiene tantos tipos de Omega que parecen toda la secuencia Fibonacci.



Yo tenía ciertos pendientes en el lugar de los dulces así que con determinación y a caderazo limpio me abrí paso por un gentío que me imagino que sólo puede compararse a la estación de Gamarra del Metro de Lima en la hora punta de un viernes 23 de diciembre. Llegué a Dulcería Doña Carmen por una Delicia de Coco que le hace total justicia a su nombre y tuve el gusto de ser atendida por la nieta de Doña Carmen, quien inició su dulcería en 1925. Si eso no es tradición no se qué cosa es.
Mi segundo objetivo era llegar a Pastel de Choclo Nora y llegué pero con la sorpresa que a diferencia del lunes, esta vez había cola! y la hice, ¿por qué? porque vale la pena. Es el mejor pastel de choclo que he comido en mi vida, húmedo y con sabor a puro choclo pero no cualquier choclo, choclo de Pachía y si no hacía mi cola iba a tener que subirme en un avión para irme hasta Tacna a conseguirlo, la cola de como cinco personas era mucho más conveniente. Mi tía sencillamente decidió no enfrentarse al tsunami de gente y me esperó afuera.


Y no habíamos terminado, nos faltaban los últimos pedidos pero también nos faltaba combustible, así que paré en el bar 8-28 y me pedí un mojito de tuna roja y fresa. Mojito pero con pisco, no con ron y después del primer sorbo quería aplaudir pero tenía la mano ocupada con el vaso. Magnífica combinación, fantástica y era lo que necesitaba para darle a mi periplo un último empujón.
Mi tía fue a los camioncitos mistureros por un Hot Dog Rocoteño de El Caliente para mi primo Paul, nuestro sacrificado transportista oficial de Mistura que ni me dejó oler su sándwich así que no puedo decirles si estaba bueno o no y yo tuve que ir por los últimos tickets para comprar churros de manjar y chocolate para mi sobrina la cuchurrumina, fan número uno del churro relleno.  
Salimos corriendo justo para encontrar a Paul y así terminó para nosotras Mistura 2016.




Notas aparte:

Los niños: Este año me sorprendieron mucho los niños. No es que hubieran más ni menos sino que por primera vez me fijé en su entusiasmo por la feria y en su aprecio por nuestra comida. Mientras esperaba por mi pedido en El Comedor llegó un niño de unos 12 años gritando “¡tallarín verde con lomito saltado, tallarín verde con lomito saltado, tallarín verde con lomito saltado!” era tanta su emoción que la señorita que atendía, su papá y yo nos echamos a reír y un rato después logré que me confesara que sus papás lo habían dejado faltar al colegio para ir a Mistura “porque otros días iba a haber más gente”, cualquiera que me conozca sabe que no puedo condenar esa decisión para nada y que por el contrario me identifico plenamente.
En otro momento, saliendo del baño, me crucé con una mamá con un niño de unos 10 años que le preguntaba si antes de irse podían comprarle una pachamanca para comer en la casa. Y finalmente en una de mis sentadas una niña mucho más pequeña le contaba a su mamá que su papá le había preguntado qué quería comer “¡y yo grité CUY!” le dijo. Wow, los niños de ahora son excepcionales, saben lo que quieren y saben que lo que quieren es comer rico y bien.

Los invitados de comidas milenarias: Me gustó mucho ver el entusiasmo de la gente por probar las comidas de los países invitados. Me  pareció divertido el stand de la India que estaba decorado tipo Bollywood para tomarse fotos. Desafortunadamente no probé ninguna de estas propuestas extranjeras porque preferí otros platos aunque casi me animo por algo de México pero el stand abría a partir de las dos de la tarde, lo que más me interesaba tenía piña (¡fuchi!) y la cola era tan larga que sin mentir y sin ofender parecía que le habían dicho a la gente que las cenizas de Juan Gabriel estaban dentro de la pirámide.

Los Gobiernos Regionales: No se si es la primera vez que se hace esto pero ahora se notó claramente el trabajo conjunto y el espacio que se brindó a los gobiernos regionales. Para mi, los que destacaron fueron el de Tacna que se preocupó muchísimo por identificar sus espacios y sus productos y el premio mayor fue para el Gobierno Regional del Callao porque absolutamente rayó con su puesta en escena que era un pedazo del Callao en Magdalena. Por fuera era la Fortaleza del Real Felipe y adentro el piso semejaba las piedras de la playa de La Punta, los diferentes restaurantes, las casas antiguas de La Perla, y no faltaban el faro, las grúas y containers del puerto, los grafitis alusivos a futbolistas del Boys, Héctor Lavoe y la infaltable salsa que se metía en la cabeza y en el cuerpo. No les faltó nada. Muy buen trabajo.

Porciones y Para llevar: Antes de ir a Mistura yo estudio obsesivamente cuidadosamente lo que ofrecen los participantes en la feria y tengo una lista de cosas que me interesa probar. Obviamente, nunca llego a completar la lista pero la estrategia y la técnica de las que hablaba más arriba pasan por comprar muchos platos en media porción y como pueden ver en las fotos las medias porciones estaban muy bien servidas y nos permitieron probar muchos más platos porque aunque no queramos, hasta la panza mejor entrenada tiene límites. Como siempre lo ideal es ir en grupo para poder compartir y cucharear de todos los platos pero si no es posible por favor compren para llevar. Hay muchos platos que saben perfectamente bien como calentado para el desayuno o sirven para no tener que cocinar todo el fin de semana como hacen mi tía Carmen y mi prima Q.  Eso sí, este año, a diferencia del anterior los participantes no estaban preparados con envases para llevar así que tocaba a cada uno ingeniárselas.

El Kit Mistura: Los que leen esta reseña desde hace años saben que yo he inventado un kit que complementa y facilita la experiencia misturera y tengo que decir que este año me sirvió mucho más que otros años. Bolsas para llevar, platos para compartir, cuchillos extra para que todos podamos cortar las carnes, hasta una bolsita para llevar el ají y las salsas aparte, papel toalla para las chorreaderas. Imagínense que usamos agua y papel toalla para limpiar uno de los vasos con tapa del champús de Hectitor’s del Norte para llevar helado de cascarilla de cacao a mi prima y para prevenir derrames cerramos el huequito del vaso con una curita (nueva, claro, ¡no se pasen!) que no estaba en mi kit pero estaba en la cartera de mi tía Elsa que es como la maletita de Sport Billy (si entendiste esta referencia estás “mayorcito” como yo). Todas estas cosas no pesan nada, no ocupan mucho espacio y te ayudan a superar cualquier dificultad, te convierten en un misturero invencible.



Y entonces, después de estos dos días, ¿cuál es mi respuesta a la interrogante que planteé al inicio? Cada año Mistura es diferente, cada año se renuevan mi alegría y mi gozo de participar. Mistura no es un restaurante, es una feria, hay mucho que ver, mucho que aprovechar. La verdad es que soy una entusiasta de Mistura y mi entusiasmo fue renovado este año y es una prueba de que los organizadores hacen un esfuerzo por mejorar y ofrecer cosas nuevas. Nunca va a ser perfecto, nunca va a ser barato, nunca va a ser fácil pero siempre va a ser Mistura. Nos vemos el año que viene.